Cruce el Istmo

Two oceans, an unforgettable experience

Dos océanos, una experiencia inolvidable

Panamá se está convirtiendo en el hogar por excelencia de las competencias deportivas de océano a océano en la región. Son muchas las que ya se han realizado exitosamente, aumentando el interés y la demanda de más deportistas que desean vivir una experiencia inigualable.

Una cosa es cruzar el istmo en carro y otra muy distinta es hacerlo a pulso de océano a océano, y eso es precisamente lo que se proponen lograr las diversas competencias de alta intensidad que anualmente se dan cita en Panamá.

En Exclusiva les trae un vistazo de tres de las más reconocidas y desafiantes que se celebrarán este año y que, repletas de adrenalina y brío, los llevarán por sus increíbles rutas, a pedal, a pie o en cayuco, desde el inquietante sonido del disparo de salida en el Atlántico hasta la emoción y el regocijo de la línea de meta en el Pacífico.

Cruce del Istmo: Pedales de fuego

Desde hace cuatro años, cada octubre, cientos de ciclistas de diversas latitudes, aguardan con expectativa y camaradería el despertar del alba en el Atlántico panameño.

Es la señal que todos esperan para iniciar, desde Shelter Bay, el Cruce del Istmo, una de las travesías más duras del ciclismo de montaña o mountain bike (MTB) de la región, que consiste en llegar, a punta de pedal, en un mismo día y en el menor tiempo posible a Veracruz, en la costa pacífica.

El recorrido cubre 120 Kilómetros (lo que equivaldría a unos 220 kilómetros en bicicleta de ruta) colmados de praderas, sendas, riachuelos, caminos off-road cubiertos de lodo y constantes ascensos y descensos, bajo la lluvia del bosque tropical panameño, lo que hace de esta una singular carrera.

Andrés F. Montoya, cerebro detrás del Cruce del Istmo y uno de sus principales organizadores, cuenta que la idea nació con el objetivo de realizar un evento deportivo de talla internacional, que fuera exportable, que atrajera turistas a Panamá a través de una carrera de MTB y que, a su vez, involucrara a las diferentes comunidades locales que habitan a lo largo del trayecto, fin que se ha venido cumpliendo con creces: en 2019, los emberá fueron los encargados de diseñar y confeccionar artesanalmente los premios de los ganadores. Las comunidades han formado y seguirán formando parte del equipo de apoyo en diversos puntos estratégicos de la competencia y ya, para 2021, 200 de 370 participantes eran extranjeros.

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    El recorrido de 120 kilómetros incluye praderas, sendas, riachuelos, caminos off-road cubiertos de lodo y constantes ascensos y descensos.

El trayecto es cronometrado y consta de dos etapas de terreno dificultoso. La primera, cubre 30 kilómetros desde Sherman hasta el corregimiento de Escobal, donde luego de más de una hora de intenso pedaleo los habitantes locales esperan a los ciclistas con un desayuno.

Luego, con las energías recargadas, los ciclistas comienzan la segunda parte desde Escobal, pero esta vez navegando el lago Gatún en cayucos piloteados por los pescadores de la comunidad hasta llegar a Lagarterita, una de las partes más enmarañadas de todo el recorrido que, según Montoya, “es duro, porque es una subida con mucho, mucho lodo”.

Pero la competencia continúa y aún les esperan múltiples obstáculos por vencer, como los complicados senderos de un solo carril que se encuentran a lo largo de varias quebradas antes de alcanzar el corregimiento de Las Mendozas, en el kilómetro 65, línea de meta para algunos y punto de descanso para los demás, donde almuerzan un sancocho preparado localmente mientras se preparan para la última etapa.

Otro de los tramos más arduos, tanto físico como mentalmente, son los últimos 30 kilómetros. “Viene el juego mental de lograrlo. Empieza la batalla interna, el cuerpo dice que no puede más y que hace mucho calor”, cuenta Montoya.

Finalmente, llegan a la meta y aquí, ni el cansancio, ni las piernas temblorosas, los músculos en fuego, el sudor a cántaros o el cuerpo enlodado, empañan la emoción de haber logrado la hazaña de cruzar el istmo de costa a costa en bicicleta de montaña.

Este año el evento se celebrará el domingo 16 de octubre con inscripciones abiertas para un máximo de 400 personas, cuyo único requisito es el de querer vivir una experiencia deportiva invaluable y enriquecedora que, de acuerdo con los testimonios de los mismos participantes, no solo cuenta con una impecable logística, sino que llena todas las expectativas.